Triste realidad
Cuantas veces nos sentimos como en este texto.
Condenados
José Quesada Moreno
El reo miró a los seis soldados que formaban el
pelotón y descubrió en ellos un destello de
piedad. “No tirarán”, pensó.
Los soldados del pelotón miraban de reojo el sable levantado
del capitán. El sol arrancaba trémulos destellos a la
hoja. “No lo bajará”, pensaron.
El capitán sudaba, bregaba contra la inseguridad de su brazo
y oía voces, destellos de conversaciones alejadas. “El gobernador
anulará la orden”, pensó.
Cuando seis destellos se clavaron en el torso del reo, ocho
hombres condenados supieron que algún eslabón se
había quebrado en la frágil cadena de sus esperanzas.
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