Ubuntu me da un buen susto
Hace unos días pensé que había perdido mi KUbuntu, fué un momento en los que te quedas pálido, inesperado como los buenos sustos.
Había actualizado a Hardy por fin y todo fue bien, ese día estuve viendo unas series haciendo unas compilaciones.
Al dia siguiente cuando arranque el equipo fué la sorpresa, líneas y líneas de log y avisos, y errores, y más líneas. Yo sólo era capaz de leer “warning” por aquí y “fatal error” por allá, catastrófica previsión de reinstalación del Sistema Operativo, pero primero tenía que mirar hasta dónde habían llegado los daños, qué cantidad de datos había perdido para siempre.
Por supuesto, y cumpliendo perfectamente la Ley de Murphy los backup estaban un poco lejos de esta fecha así que me puse en manos de Deity$ y entre en la consola de emergencia.
Lo que me encontre, sinceramente, no me lo esperaba. Al parecer una combinación de errores entre mi BIOS y Ubuntu eran los responsables de haberme quedado sin algún año de vida del susto que me lleve cuando vi que no aparecía la partición dónde estaba organizando mis fotografías de varios años (sin backup, claro).
El tema es que a la BIOS no le dió la gana reconocer un disco dónde sólo guardo documentos y fotos y al arrancar Linux, parece que aprovechó para ordenar un poco la “habitación” y asignar diferentes nombres a los dispositivos /dev, con lo cual, al arrancar no encontraba ni la Swap, ni el Home, que los tengo en diferentes discos.
Visto esto editando el fichero fstab y poniendo todo en orden arranco sin problemas. Y mi disco fugado se volvió a encontrar a si mismo entrando en la BIOS y detectandolo de nuevo.
Lo que se aprende de estos casos, aparte de algo de filosofía Zen, es que no valoras una buena política de copias de seguridad hasta que no pasa algo así. Si encima eres técnico de sistemas, en tu trabajo haces copia hasta de los aburridos logs y pareces un disco rayado repitiendo a los clientes que hagan copias de seguridad y diciendo “ya te lo dije” en algunos casos, pues eso: “donde dije digo digo Diego” y “en casa de herrero cuachara de palo”. Hay que joderse.


